BRANOALCOLLO – ORANGENESS

BRANOALCOLLO, blogger y escritora (ha publicado recientemente 2 e-books) para ORANGE-NIGHT nos propone un breve relato, ORANGENESS, acompañado por imágenes de repertorio, música venusiana y narrador (Denis Broduriès), que constituye una especie de amarcord felliniano, que nos transporta a su infancia en los años setenta, donde el naranja era el color del imaginario colectivo. El futuro anaranjado que imperaba en los settings domésticos de la época era un déjà-vu ya entonces. El final, inesperado, acentúa la polaridad del color hasta llegar a su aspecto más sombrío y oculto, es decir, la otra mitad de la naranja.

 

ORANGENESS 

L’arancione è stato un colore che ha attraversato tutta la mia infanzia. Negli anni settanta andavano di moda oggetti tecnologici che alludessero ad altri mondi, una rivisitazione del futuro che era già un dé-jà vu, suggerita dai telefilm dell’epoca: lampade improbabili con fibre ottiche che vibravano, puff scomodissimi in cui si sprofondava goffamente. Di solito venivano abbinati a dei mobili ordinari, i salotti erano una cattiva imitazione di setting spaziali, era un modo efficace per dominare il fascino dell’ignoto all’interno di un ambiente domestico.

Mi ricordo ancora i primi esperimenti televisivi a colori. Andavamo a vedere “le prove tecniche di trasmissione” a casa di una vicina, un programma che ora sarebbe inconcepibile: due signore srotolavano pile di stoffa colorata come se fossero doni preziosi inviati dal Marajà. Tentavamo di leggere il labiale, in sottofondo c’era una base musicale insulsa, ogni tanto partivano dei fischi e lo schermo si riempiva di strisce colorate, segnale che annunciava la fine delle prove tecniche, e noi ritornavamo a giocare.

L’arancione era il colore preferito per gli elettrodomestici, noi usavamo un registratore portatile arancione fiammante con cui ballavamo shake e beat italiano. I ghiaccioli erano pieni di coloranti che ti lasciavano dei baffi indelebili, il gingerino però mi aveva già conquistato.

L’estate la passavamo quasi sempre in località balneari sull’Adriatico, un mare inquinato in tempi non sospetti, dal colore verdastro, abitato da strane colonie di alghe a forma di insalata che noi scalciavamo come se fossero palloni sgonfi sul bagnasciuga a ondine. Nel ’77 improvvisamente scomparvero tutte le bibite colorate, ci fu una vera e propria guerra ai coloranti.

La sequenza numerica E111 che indicava il colorante per l’arancione venne bandita per sempre. Per un periodo circolarono gingerini incolori, ma non c’era nessun gusto a bere bibite trasparenti, il divieto venne abolito in poco tempo, magicamente ritornarono le bibite colorate con non so quali additivi.

L’arancione veniva associato ai cibi sani: le spremute fresche di arancia piene di vitamina C, il profumo dei mandarini, i cachi… L’aranciata industriale, la Fanta, si beveva per le occasioni speciali, tempi di rinunce in cui l’euforia delle bollicine era un’esclusiva delle feste di compleanno. C’era anche lo “spumante analcolico” dei bambini, la mitica “Spuma”… una bibita dal sapore dolciastro che non aveva nulla a che vedere con l’uva e i suoi derivati.

La percezione dell’arancione cambiò per sempre quando andai a vedere Alien, il primo della serie interpretato dalla coraggiosa Sigourney Weaver.

La scena credo sia arcinota a tutti, ormai fa parte della storia cinematografica, mi riferisco al momento in cui l’equipaggio si riunisce per festeggiare Kane, l’astronauta che si è salvato miracolosamente da un incontro-scontro con una misteriosa entità aliena informe che prima gli si era avvinghiata sul viso e poi era esplosa, con grande soddisfazione del pubblico.

È l’ultima cena prima del rientro sulla Terra. Nei bicchieri ci sono delle bibite arancioni che spiccano sullo sfondo bianco ghiaccio dei tavoli. A un certo punto, mentre tutti si stanno rilassando dopo qualche birra in compagnia, inaspettatamente Kane si sente male, ha delle terribili convulsioni, i suoi compagni non sanno cosa fare, tentano di soccorrerlo, gli bloccano la lingua con una posata ma assistono impotenti a uno spettacolo raccapricciante: gli esplode lo stomaco e dal busto fuoriesce un mostro tentacolare ricoperto da una sostanza vischiosa arancione, l’alien lo sta divorando sotto lo sguardo impietrito degli altri astronauti…

Un episodio terrificante che fa parte della fanta-scienza, ma da allora quella sequenza si è stampata nella mente, e dopo quel film inevitabilmente l’arancione ha inglobato una piccola dose di oscurità.

ORANGENESS

El naranja ha sido un color que ha marcado toda mi infancia. En los años ’70 había la moda de objetos tecnológicos que aludían a otros mundos, una visión del futuro que ya era un dé-jà vu. Con las sugerencias inspiradoras de las series de la televisión de la época, proliferaban lámparas improbables con fibras ópticas que vibraban y puff incomodísimos que te engullían. Normalmente se combinaban con muebles ordinarios, los comedores eran una pésima imitación de los decorados espaciales. Se recurría a ellos para intentar encajar la fascinación de lo desconocido dentro de lo doméstico.

Recuerdo aún los primeros experimentos de la televisión en color. Íbamos a ver las pruebas técnicas de transmisión en casa de una vecina, se trataba de una emisión que ahora seria inconcebible: dos señoras comparaban rollos de tejidos coloreados como si fueran regalos preciosos del Maharajá. Se intentaba leer los labiales para captar algo ya que la banda sonora era una base musical sin sentido, interrumpida de vez en cuando por unos silbatos y de pronto la pantalla se llenaba de rallas de color y nosotras volvíamos a jugar.

El naranja era el color preferido para los electrodomésticos, nosotras teníamos un tocadiscos portátil naranja flamante con el cual bailábamos shake y beat italiano. Los polos de entonces estaban saturados de colorantes artificiales que te dejaban unos bigotes indelebles, el “gingerino” sin embargo me había ya hecho caer rendida.

El verano se trascurría casi siempre en los balnearios del Adriático, un mar polucionado ya en tiempos no sospechosos, que tenía un color verdoso debido a extrañas colonias de algas en forma de ensaladas que nosotras esquivábamos dándoles patadas como si fueran balones deshinchados en el rompiente ondulado.

En el ’77 de repente desaparecieron todas las bebidas coloreadas, hubo una verdadera campaña en contra de los colorantes. La secuencia numérica E111 que indicaba el adictivo para el naranja fue desterrada para siempre. Durante un tiempo circulaban únicamente refrescos incoloros, pero no había ningún gusto en beber líquidos transparentes, así que la prohibición duró poco, y de un día por otro, mágicamente, volvieron a reaparecer los colores nacidos por nuevos inventos.

El naranja se asociaba a la comida sana: los zumos frescos de naranja repletas de vitamina C, el olor de las mandarinas, los caquis… El zumo de naranja industrial, alias FANTA, sólo se bebía en ocasiones especiales, tiempos difíciles y austeros aquellos donde la euforia de las burbujitas era una exclusividad de las fiestas de cumpleaños. Había también el cava de los niños: la mítica “spuma”, una bebida dulzona, anaranjada y espumosa que no tenía nada que ver sin embargo ni con la uva ni con sus derivados.

La percepción del naranja cambió para siempre cuando fui a ver Alien, il primero de la serie, interpretada por la valiente Sigourney Weaver. La escena, muy celebre para todos, forma ya parte de la historia del cine… Me refiero al momento en que la tripulación se reúne para celebrar Kane, el astronauta que había escapado milagrosamente al encuentro – choque con una misteriosa entidad aliena sin forma que le había enroscado la cara y luego había explotado, con gran satisfacción y alivio del público en sala. Es la última cena antes del viaje de vuelta a la Tierra. En los vasos hay bebidas anaranjadas que destacan sobre el blanco hielo de las mesas. De repente, mientras todo el mundo empieza a relajarse en un clima destendido corroborado por algunas cervezas entre amigos, Kane no se encuentra bien: padece unas terribles convulsiones, sus compañeros no saben que hacer, intentan socorrerlo, le bloquean la lengua con lo que tienen a mano pero asisten impotentes a un espectáculo escalofriante: la explosión de su estómago. De las tripas sobresale la cabeza de un monstruo tentacular cubierto por una sustancia viscosa anaranjada. El alien lo está devorando delante de la mirada petrificada de los demás astronautas…

Un episodio terrorífico que forma parte de la historia FANTAstica de la ciencia ficción. Desde entonces aquella secuencia se ha gravado en mi mente y tras aquel film, inevitablemente, el naranja engloba su pequeña dosis de oscuridad.

http://branoalcollo.wordpress.com/2012/01/23/orangeness/

7 Respuestas a “BRANOALCOLLO – ORANGENESS

  1. Pingback: Orangeness | Branoalcollo's Blog

  2. Carla, quel délice ce conte! Je me suis attendrie et j’ai ri comme un enfant à sa
    lecture. Un style frais, malicieux, adorable et tellement évocateur d’ anciens souvenirs enfouis… Bravo! Ecris en bien d’autres pour notre plus grand plaisir (et bravo aussi pour la magnifique traduction)

    Carla que deleite este cuento! Me he enternecido y he reido como una niña al leerlo. Un estilo fresco, maliciosa, adorable y tan evocador de antiguos recuerdos spultados… Bravo! Escribe muchos mas cuentos para nuestro mayor placer (y enhorabuena tambien a la magnífica traducción)

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